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Huellas N.9, Octubre 2012

BREVES

La Historia

Medio punto

No se lo esperaba. Al menos, no así. Lo cierto es que, al tomar aquel vuelo hacia Lima, en su corazón bullían ideas, esperanzas, preguntas. Y el deseo de entender qué rumbo puede tomar la vida, instante tras instante, cuando sigues lo que Dios te pone delante. Un deseo enorme, potente. Sobre todo cuando tienes poco más de veinte años y te encuentras en una encrucijada: a tus espaldas, una licenciatura recién terminada; por delante, unos meses de trabajo en un ateneo al otro lado del mundo. Pero no se esperaba que, mes a mes, lección tras lección, sucedería lo que Claudia en una carta ha llamado sencillamente «un descubrimiento continuo: el desvelarse de mi verdadero yo delante de los estudiantes que tenía en clase. Sus preguntas eran una provocación. Era el modo en que Cristo se hacía presente en mi vida».

Por eso cuando se publicó la convocatoria del examen que podía abrirle paso hacia una carrera como profesora, Claudia no tuvo elección: debía tomarlo en serio. Debía probar. No era sólo una expectativa, o el primer paso hacia un trabajo que había descubierto que deseaba hacer. Era más que eso: «Sentía la urgencia de vivir lo que Cristo me estaba ofreciendo. Tenía la oportunidad de ir al encuentro de Aquel que me espera en cada cosa para darme siempre el ciento por uno».

Claudia regresa a Italia. Estudia día y noche. Hace el examen. Y se vuelve a ir a Lima, mientras espera el resultado. Al llegar, recibe una noticia de sabor amargo: «Te has quedado fuera. Por medio punto».
Medio punto. No es nada. Aunque suficiente para cerrarte el paso, para eliminar de golpe una vocación que se estaba despertando. Y para oír a todo el que te encuentras repetir el rosario de «qué mala suerte, pobrecita, después de tantos sacrificios…». O bien, para regalarte la posibilidad de un nuevo descubrimiento. «Sentí un gran malestar. Increíble. Pero no por la nota: ¡por los que reaccionaban así! No podía soportar verme reducida a eso. Es como decir que a tu vida le falta algo. Es como apartar de la mirada el misterio que conlleva ese medio punto. Insoportable». ¿Por qué? «Porque yo soy relación con El que me está dando todo ahora».
De modo que ese fastidio se convirtió en un resorte, cuenta Claudia. En un «punto de partida». ¿Para qué? «Para volver a descubrir en qué consisto y qué es lo que verdaderamente quiero: ir adonde Él me lleve». Haciendo caso aunque sólo sea a medio punto.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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