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Huellas N.3, Marzo 2012

AMÉRICA LATINA / Asamblea de Responsables

Lo que no cambia

Alessandra Stoppa - foto de Kika Antunes

Otra etapa de nuestro recorrido por América Latina. Esta vez volvemos a São Paulo, donde trescientos cuarenta responsables llegados de todo el continente se han reunido para verificar si en la vida «hay algo que permanece». La libertad, el trabajo sobre la Escuela de comunidad, las obras: tres días de diálogo con Julián Carrón para someterse a la experiencia

«Después de haber escuchado esta canción, no tenemos excusas». Todo cambia. Es el canto de un exilado chileno, Julio Numhauser. Cambia todo en este mundo. Y lo que cambió ayer tendrá que cambiar mañana. Cambia, todo cambia, pero no cambia mi amor, por más lejos que me encuentre. « ¡Cómo predomina el pensamiento de la amada en quien la escribió! Cuando nos dejamos zarandear por los vaivenes de la vida y nos perdemos, es porque nos falta el “pensamiento dominante”. Por el contrario, cuando uno vive un amor que vale más que la vida misma, entonces, todo a nuestro alrededor puede cambiar. Todas las circunstancias pueden cambiar, pero hay algo que no cambia. Tenemos que verificarlo: si es verdad que en todas las circunstancias de nuestra vida hay algo que permanece, que resiste. Estamos aquí para que crezca en nosotros lo que permanece».
Julián Carrón habla así a los trescientos cuarenta responsables de América Latina que abarrotan el salón, y también a Lucas, un chico brasileño de Aracaju, que cuenta al micrófono su historia y su miedo de que Cristo sea sólo una palabra. «¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?», le provoca Carrón. Es una pregunta que volverá en muchas ocasiones durante estos días. «La vida se nos va de la mano y se pierde no porque hagamos locuras o cometamos grandes pecados, sino porque se enfría nuestro interés por Cristo. Viviendo así, perdemos la vida y perdemos al mismo Cristo. Los perdemos, se nos escurren entre las manos. Por tanto, este es el problema: que Él vuelva a ser el centro de nuestro interés». Este será uno de los numerosos diálogos en estos tres días del ARAL celebrado en Mariápolis, a las afueras de São Paulo.
Es el quinto año que se reúnen aquí, en este gran centro de los Focolares, acudiendo desde todo el continente. En una pancarta, el lema: “En cualquier momento empieza algo nuevo”. Un diálogo franco sobre la experiencia de cada uno, compartida en una amistad. Como Carrón propone desde el comienzo, la tarde del viernes: «Es necesario estar aquí con todo lo que somos, con toda nuestra inquietud, nuestras dudas pendientes y nuestras preguntas». Como la Reina de Saba en el Primer Libro de los Reyes, que acude a Salomón para encontrar respuesta a los enigmas que tiene en su corazón. Y el Rey le contesta que encontrará respuesta «no sólo en las palabras que escucha, sino en todo lo que ve». El palacio real, la comida, el orden con el que se mueven los siervos, las ropas elegantes… Viendo todo aquello, se quedó con la respiración cortada, cuenta la Sagrada Escritura.
Lo mismo está pasando aquí: todo forma parte de la respuesta. El silencio, la misa, la manera de estar juntos, los cantos, los cuarenta y dos voluntarios que al amanecer han estado como centinelas en el aeropuerto, esperando un vuelo tras otro, con las camisetas color naranja y la cara sonriente, trabajando sin parar en la acogida, las comidas y el servicio. «La respuesta del Misterio se presenta a nuestras vidas en cualquier ocasión», introduce Carrón. Sobre todo en el rostro de cada uno de los que estamos aquí. «A menudo no nos asombra la presencia de las personas, sin embargo podrían no estar. Podrían haber elegido no venir, podrían haber elegido irse. Nada es así porque sí». Lo mejor de la realidad es esto, que aparece de la nada.

La oración de Otoney. «Y precisamente porque no nos asombramos, Dios se encarnó, se hizo hombre para despertar todo nuestro afecto». («Pero también el hecho de que “se hizo carne”, creemos haberlo entendido y, quizás, lo repetimos»; dirá Carrón al día siguiente: «Entonces, el Misterio suscita entre los hombres un carisma que consiga fascinarles. Es lo que nos ha pasado con don Giussani»). La gente sentada aquí viene de diecinueve países diferentes, desde México a Argentina. «Estamos aquí porque Dios nos ha alcanzado a cada uno en su lugar concreto. Su inquietud por nosotros despertó la nuestra por Él». Carrón retoma la homilía del Papa en el día de la Epifanía: «El corazón de Dios está inquieto con relación al hombre. Nos busca. (…) Dios está inquieto por nosotros. Busca personas que se dejen contagiar de su misma inquietud, de su pasión por nosotros».
Unos corazones conmovidos por Su petición. Esto se ve muy claramente en los testimonios de la velada: María, Stefano y Otoney. Este último es un abogado de Salvador de Bahía. Su trabajo está creciendo mucho y la relación con los compañeros de trabajo es muy difícil. «Me planteo si todo esto merece la pena. Sobre todo cuando me veo que no sabemos responder al desafío que la realidad nos lanza. Esto me obliga a reconocer que el problema es la ausencia del yo. Si no hay un yo vivo, no hay un trabajo. El trabajo sobre El sentido religioso ha sido la mejor ayuda para mí: me he dado cuenta de que el problema no es qué tengo que hacer, sino que yo madure, crezca. Entonces, no desaparecen el cansancio y la soledad, pero tampoco desaparece nunca el hecho de Cristo, que me permite ser yo mismo». En su ciudad, la policía se puso en huelga durante diez días y fue un infierno. Doscientos muertos. «Dudé si escribir un juicio publico. Julián de la Morena (responsable CL de América Latina) me dijo: “Necesitamos pedir al Misterio”. Descubrí que la oración es el primer juicio y es un juicio verdadero. Me doy cuenta de que el drama de la vida, vivido en esta amistad, nos permite volver a Cristo».
Stefano, en cambio, estudia astrofísica en Milán. Cuenta la muerte de un amigo suyo muy querido, su decisión sobre qué hacer al acabar la Universidad y, en todo eso, «un vínculo que no se quiebra» y que ha experimentado en su relación con Carrón.
«Sentía un deseo de plenitud que no se aquietaba y le pregunté si yo era normal. Él me dijo: “Tú eres normal y este deseo que sientes es lo más grande que tienes. Si lo miras hasta el fondo, descubres la compañía que nunca muere”. Para mí, ser mirado de esa manera ha sido la experiencia de Cristo. La conciencia de que yo soy relación con Alguien que, continuamente, me atrae». La verificación de la fe es un afecto distinto a uno mismo. Y a los demás. Es lo que nos cuenta Bebe, de Portugal, que desde el día del terremoto trabaja y vive en Haití, «donde todo se derrumbó, también el alma». Sin embargo, a la semana del seísmo, en una misa donde ella era la única blanca, entre gente que lo había perdido todo, escuchó un canto. El coro lo entona aquí en el salón: De mon coeur, Seigneur, merci… (Por mi corazón, Señor, gracias…). «Una gratitud continua». Un día, presentándose a unos extranjeros de visita allí, le sale de la boca: «Soy haitiana». «De repente pensé: ¿qué acabo de decir? Pero es verdad: es la manera de decir hoy que soy cristiana, porque los cristianos son los que siguen a Cristo día a día. Y los haitianos son la circunstancia presente en la que yo le digo a Cristo: Tú eres yo».

Él se vuelve hacia mí. El responsable de CL en Brasil, Bracco, introduce y cierra los testimonios: «Hoy, mientras Carrón hablaba, pensando en Juan y Andrés, me pregunté: ¿Cuándo fue la ultima vez que he seguido a Cristo? De repente, pensé en la mirada de Jesús sobre Juan y Andrés: el instante preciso en el que Él se dio la vuelta hacia ellos y les miró. Era lo mismo que me estaba pasando a mí en ese momento: Él se daba la vuelta hacia mí». Lo mismo vuelve a pasar el sábado por la mañana, cuando Julián dice con seriedad: «Mientras rezábamos Laudes, pensaba: ¿quién estará sintiendo el mismo asombro que sintió la Virgen?». Lo repite: « ¿Quién, esta mañana, se ha conmovido al repetir con plena libertad las palabras de la Virgen: “Hágase en mí según Tu palabra”? ¿Quién ha percibido el anuncio como algo nuevo que se le dirige hoy? El Ángel del Señor anunció a María. ¡Y te lo anuncia hoy, a ti! ¡A mí, hoy! Esto es lo más valioso que tenemos todas las mañana, el anuncio. Pero, esta belleza se pierde si nuestra libertad no responde».
La libertad. Es una de las claves de la asamblea. Muchas preguntas, una tras otra, durante toda la mañana y la tarde. Giampiero, de México, pregunta si «la libertad crece o empieza siempre desde cero». «¡En cada instante decimos que sí o que no a Cristo! – contesta Carrón –. Pero dime, ¿hay algo más bello que escuchar a alguien que nos dice “te quiero” ahora? ¿Nos gustaría que fuera el resultado de una costumbre o preferimos que sea verdadero ahora? Lo que nos parece un peso, en cambio, es la cosa más fascinante de la vida: la libertad. Nos hizo libres. Pero, ¿no os admira este misterio?». Comenzar a percibir la libertad como algo fascinante es fruto de un trabajo personal. «En vez de quejarnos de que sea necesario nuestro “sí”, empezaremos a advertir el instante como la ocasión favorable para decir: ¡Cristo mío!».

Un trozo de cristal. Renato es de Belo Horizonte y su relación con el movimiento la ha sentido siempre como quien hace zapping ante la tele: «El criterio era “lo que me gusta”. Esto me lo quedo, esto lo dejo…». Sin embargo, nunca se ha ido definitivamente. «Es por una Gracia que no me explico. Hoy me siento como una roca que durante muchos años ha recibido muchas gotas de agua que han ido abriendo una grieta desde donde, ahora, empieza a fluir el río». Carrón retoma el concepto: «Todos experimentaremos lo mismo si seguimos siendo fieles a este lugar, donde Dios sigue abrazándonos». Él sigue buscándonos e interpelándonos, de manera silenciosa y perseverante, dentro de la realidad.
«La vida implica un vértigo, el de responder, circunstancia tras circunstancia, a los signos con los que el Misterio nos habla. Pero nosotros nos aferramos a las circunstancias porque nos da miedo sufrir». Cuenta de una mujer de 55 años que le confiaba: «Me despierto agradecida todas las mañanas». Estaba tan sorprendida que, diciéndoselo, se echó a llorar. «No se puede uno autoconvencer de que está agradecido. O tengo la experiencia de que algo me libera por la mañana, o tengo que ponerme una máscara para aparentar que estoy contento». El desafío más grande de mi vida es «aceptar que tengo que aprender lo que ya sabía». Uno puede saber perfectamente qué es el amor, pero «hay una diferencia abismal entre saberlo y vivir esa plenitud que quien está enamorado experimenta. Quien vive formalmente desconoce la intensidad que puede alcanzar su vida. Y depende de nosotros decidir si hacer experiencia de esto o no. Cada uno de nosotros se encuentra ante esta alternativa».
En los momentos de descanso o estando sentados a la mesa, se habla de esto. El Padre Giovanni, de Perú, se conmueve porque «aquí no nos ocupamos de la organización o la gestión de las cosas. Nada de esto: sólo Cristo y yo, ¡directo!». La hermana Sonia, de Paraguay, comenta: «Me apunté al Movimiento hace un año. Pero ahora puedo decir que “he entrado” en él. Porque todo lo que escucho y veo corresponde al deseo de mi corazón». La respuesta a lo que el corazón humano desea, simplemente, sucede. «Yo lo tengo todo», dice Agustín, de Montevideo: «Esta mañana salí del salón sabiendo que si sigo lo que he escuchado, no me faltará nada. Esto me da ganas de arriesgar».
Por la tarde, se reanuda la asamblea. Gaudí coloca un trozo de vidrio en la Sagrada Familia y lo convierte en una obra de arte «porque refleja la luz de una manera única – dice Marcos, de Chile –. Si yo no me expongo a la luz, seguiré siendo opaco». «El primer paso es dejarse iluminar», subraya Carrón. Luego contesta a Gonzalo, de Uruguay, que se fue del trabajo a causa de su jefe: «Pero, ¿tú tienes algo que te mantenga firme, de pie? Si no es así, volverás siempre a empezar desde cero. A menudo ponemos nuestra esperanza en las novedades: esperamos a que cambie esto, luego aquello, hasta que ya no puede cambiar nada más y entonces, ¿qué hacemos? ¡No hay solución! Y nos convertimos en escépticos. En cambio, la verdadera novedad es Cristo mismo. La respuesta a nuestra vida es una Presencia». Vuelve a leer el capítulo del Evangelio donde los discípulos vuelven triunfantes por los milagros que han realizado. «Y Él, con una ternura infinita (¡pero infinita!), les dice: no os alegréis de lo que hacéis, sino de que vuestros nombres estén escritos en el cielo. Pero, ¿quién puede atreverse a decir algo así? Ninguno de nosotros lo habría dicho. Bastaría esto para comprender que Jesús es verdaderamente Dios». Por la noche escuchamos el testimonio de John Waters en los Ejercicios de los universitarios (en: revistahuellas.org). Cuenta su reconquista de una relación verdadera con la realidad, después de la huída en el alcohol y después de haber abandonado aquel Cristo que había conocido de niño. A la salida, Cleuza está conmovida: «Lo que le ha pasado a él, me ha pasado a mí. Si en todo lo que he hecho de equivocado en mi vida nunca he perdido aquello en lo que creo – se pone la mano en el pecho – es porque Él ama mi corazón más que yo misma».
Bajo la carpa al aire libre empieza la fiesta. Cantos y bailes sudamericanos y cantos alpinos. Entre la muchedumbre está también Adriana, con su querida amiga, Glorinha. Son brasileñas y son un grupo de fraternidad, aunque sea sólo la segunda vez que se encuentran. Hablan todos los días por skype, colmando cuatro mil kilómetros de distancia. A su alrededor se están reuniendo otras personas, diseminadas por el país, que empiezan a ser una familia. Celebran sus cumpleaños también a través de webcam. «Es una amistad que me ha cambiado la vida – dice Adriana –, nacida del deseo de mirar nuestra vida y de mirar a Carrón».

Para aguantarme a mí mismo. «Cuando veo gente que vive lejos del “centro” del movimiento florecer de esta manera, se confirma la verdad de nuestra propuesta. Pero esta verdad acontece sólo si se recorre un camino», dirá Julián en la síntesis, al día siguiente por la mañana. Tres son los instrumentos de trabajo: la Escuela de comunidad («No tengo propuestas personales que añadir; no tengo más que seguir yo a Giussani. Y esto es también lo único que me apasiona. No porque tengo la tarea de guiar el movimiento: yo trabajo la Escuela de comunidad para aguantarme a mí mismo, para poder ver la mirada de Cristo. Necesito retomar la relación con Giussani cada día, lo necesito para vivir»). Luego, la relación entre autoridad y responsabilidad personal («La autoridad apuesta todo sobre la pura libertad. Si queremos a nuestros amigos, deseamos que sean ellos mismos. O estamos en el movimiento para tener nuestro pequeño corrillo o pertenecemos al movimiento para generar»). Y, por fin, en tercer lugar, las obras («Son la expresión de un yo cambiado. El movimiento te ayuda a crear la obra generando tu yo. Pero hace falta superar el dualismo entre ser y tener que ser. Si no, seguimos trabajando como los demás, sin novedad, manipulando a nuestro antojo la realidad. La primera obra es hacer nuestro propio trabajo comunicando una novedad, de tal manera que se suscite una pregunta en los demás».
En breve, en este mismo salón empezará la presentación del libro Los orígenes de la pretensión cristiana, en conexión con todas las comunidades brasileñas de CL. Al hilo de las notas del Et incarnatus est, de la Grosse Misse de Mozart, pasan las imágenes de la gruta de la Anunciación en Nazaret. «El Misterio vuelve a entrar en la historia, continuamente», había dicho ayer Julián, «para rescatarnos de la vida que hemos perdidos viviendo».

(en las anteriores entregas, la vida del movimiento en Argentina, Brasil, Paraguay, Colombia y Perú)


TODO CAMBIA
(Julio Numhauser)

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar

Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante

Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia
Cambia, todo cambia

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera

Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi tierra y de mi gente

Y lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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