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Huellas N.3, Marzo 2010

BREVES

Responden los hechos
AHORA, MIRO LA REALIDAD COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ

John Waters



Un libro que escribir, una enfermedad y el misterio que nos toma de la mano. Así he caído en la cuenta de mi mortalidad y de mi eternidad

Este mes saldrá publicado otro libro mío, titulado Beyond Consolation (Más allá del consuelo), que más o menos arranca en el punto en el que me había quedado en mi última publicación, Lapsed Agnostic (El agnóstico apóstata), aunque esta vez he acentuado más el aspecto cultural que el personal. El subtítulo explicita: «Cómo hemos llegados a ser demasiado listos para Dios – y para nuestro bien».
Lo escribí por entero el año pasado, y fue una experiencia fatigosa. No nos damos cuenta de hasta qué punto llegamos a ser esclavos de la mentalidad común. A lo mejor creo que estoy pensando por mí mismo, pero en realidad es la cultura la que lo hace por mí. Me dice qué es “verdadero” y estampa una sonrisa cínica en mis labios antes de que llegue a conocerlo, para evitar que yo trate de alejarme de estas “verdades”. Este libro es un intento de desmontar este proceso que se da en mí, de mantenerme de pie por mí mismo y tomar conciencia de qué fuerzas me amenazan o, a costa de pagar un cierto peaje, me “sostienen”.
El libro comienza con el relato de la última entrevista de mi colega Nuala O’Faolain, ya fallecida, que hablaba de su desesperación cuando le diagnosticaron un tumor en fase avanzada. De hecho, hago el intento, de alguna manera, de ponerme en su lugar, planteándome el problema de mi mortandad y de mi eternidad.
Escribiendo este libro he tenido que renunciar, una tras otra, a todas las ilusiones de la vida. He tenido que dejar que el Misterio me tomara de la mano mientras daba mis pasitos vacilantes, como si apenas hubiera bajado de la cama tras una larga enfermedad. Durante unos instantes me mantuve de pie solo, y vi que era posible. Luego, me agarré de nuevo a algo que podía ver. Me vi, por tanto, en una extraña situación: suspendido entre mis ilusiones y la Verdad – tratando de dar esos pocos pasos que las separan. Eso me provocó y me dio miedo al mismo tiempo. Vislumbré la libertad, pero también abrí los ojos sobre un abismo terrorífico que jamás había conocido, como un niño que el padre tira al agua para que aprenda a nadar tan sólo en virtud del instinto natural. Intenté dar algunas brazadas, pero luego me agarré al borde de la piscina.
Nada más acabar de escribir el libro enfermé gravemente, y tuve que guardar cama durante algunas semanas, como si algo vital en mí se hubiera apagado. Creo que fueron mis ilusiones las que murieron enmí, ya que no podía seguir confiando en ellas. Sin embargo, no sentí esa euforia que uno experimenta al llegar a un lugar nuevo. Estando enfermo, reflexioné a menudo sobre esa advertencia de Julián Carrón: «Todo se desvanece». Si no tratamos de enjuiciar constantemente, y en profundidad, nuestra experiencia, volvemos a encerrarnos en nuestro recinto. Pero, al faltarnos todas las ilusiones, este área protegida se vuelve un desierto de desesperación. Durante meses vagué por este desierto.
Pero había visto algo. Y tenía un método, el método que propone don Giussani, que me sugiere de volver al origen. Abrir los ojos. Mirar la realidad como si fuera la primera vez. ¿Cómo podría no experimentar un asombro? ¿Cómo podría no aceptar que yo no me hago a mí mismo y que, por tanto, debo ser la criatura de Algo que yo conozco sólo en mis profundidades más inescrutables?

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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