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Huellas N.6, Junio 2006

SOCIEDAD Tiempo de educar en México / Educar es un riesgo

Manifiesto. Si hubiera una educación del pueblo, todos estaríamos mejor

México sufre una gran emergencia. No es principalmente política y ni siquiera económica –a la cual todos, desde la derecha hasta la izquierda, asocian la posibilidad de “recuperación” del país–, sino algo de lo cual dependen tanto la política como la economía. Se llama “educación”. Nos interesa a todos, a cualquier edad, porque a través de la educación se construye la persona y, por tanto, la sociedad. No es sólo un problema de instrucción o de inserción en el mundo del trabajo. Está sucediendo algo que no había sucedido antes: está limitada la capacidad de una generación de adultos de educar a sus propios hijos. Durante años, desde los nuevos púlpitos –colegios y universidades, medios de comunicación– se ha predicado que la libertad es la ausencia de vínculos y de historia, que se puede crecer sin pertenecer a nada ni a nadie, siguiendo simplemente el propio gusto o placer. Se ha convertido en algo normal el pensar que todo es lo mismo, que en el fondo nada tiene valor excepto el dinero, el poder y la posición social. Se vive con una verdad fragmentada, como si el deseo de felicidad que el hombre tiene estuviera destinado a permanecer sin respuesta. Se niega la realidad, la esperanza de un significado positivo de la vida, y por esto se corre el riesgo de sacar adelante una generación de jóvenes que se sienten huérfanos, sin padres y sin educadores, obligados a caminar como sobre arenas movedizas, paralizados frente a la vida, aburridos y a veces violentos, de cualquier modo a la merced de las modas y del poder. Pero su desorientación es hija de la nuestra, su incertidumbre es hija de una cultura que sistemáticamente ha demolido las condiciones y los lugares propios de la educación: la familia, la escuela, la Iglesia. Educar, es decir, introducir a la persona en la realidad y en su significado, a partir del patrimonio de nuestra tradición cultural, es posible y necesario, y es una responsabilidad de todos. Se necesitan educadores, y los hay, que entreguen esta tradición a la libertad de los jóvenes, que los acompañen en una verificación llena de razones, que les enseñen a estimar y a amarse a sí mismos, a las personas y a la realidad. Porque la educación comporta un riesgo y es siempre una relación entre dos libertades. Para educar se necesita presentar adecuadamente el pasado dentro de una experiencia presente de manera crítica, que propone y da razones1. Todos hablan de capital humano y de educación, nos parece fundamental hacerlo a partir de unas respuestas concretas, practicadas, posibles, vivas, ya presentes. No es sólo una cuestión de escuela o de profesionales del sector: lanzamos una llamada a todos, a quien quiera que le importe el bien de nuestro pueblo. ¡Está en juego nuestro futuro!

Luigi Giussani, Educar es un riesgo, Editorial Almadía, Oaxaca (2006)

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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