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Huellas N.5, Mayo 2006

SOCIEDAD Venezuela

El dolor de un pueblo y la fe de una madre

Gladys Faddoul

Sres. secuestradores:

Uds. no se imaginan el daño tan grande que produce un secuestro en una familia y, por ende, en una sociedad tan hermosa como la de Venezuela. Bajo el nombre de Dios y con el nombre de miles de madres en todo el mundo, les quiero decir: LOS PERDONO.
No soy nadie en este mundo; todos somos extranjeros en la Tierra de Dios; sólo Dios y los representantes de Él perdonan; pero yo soy el mundo para Bryan, Kevin y Jason y tengo la suficiente autoridad de perdonarlos.
No sé quiénes son y no se dónde están o en qué trabajan; cómo viven o cuál es su religión; pero sí sé que ustedes tienen padres, hermanos, familia o hijos; nadie vino a este mundo a través de una roca o del aire. Bajo esta relación familiar que cada uno de ustedes tiene con sus seres queridos, les imploro ¡misericordia!
Jesucristo perdonó a quien tanto le hizo daño; si él puede, entonces, nosotros podemos.

Les imploro MISERICORDIA POR BRYAN que como ustedes deben saber, es un muchacho excepcional y buen alumno; excelente hermano mayor y un buen hijo; a parte de todo, se va a graduar dentro de poco con sus amigos del alma.
MISERICORDIA POR KEVIN que nació tristemente con una cruz, que con todo el dinero del mundo no pudimos eliminar la parálisis de su vida, pero con mucho amor, fe en Dios, pudimos compartir su carga y hacerla más liviana.
MISERICORDIA POR JASON, que fue un enviado de Dios para ayudarnos con la fuerte labor de Kevin y créanme que sí nos está ayudando muchísimo desde que nació.
MISERICORDIA POR MIGUEL, que es un excelente amigo y gran padre de dos hermosas criaturas, luchador día a día.

No estoy destruida como muchos lo piensan; no he tomado ningún tipo de calmante; sólo he tomado el calmante de la oración y de la fe; ahora es que tengo suficientes fuerzas para sacar adelante a esas criaturas que hasta ahora no se preguntan por qué fueron arrancadas de nuestras vidas camino a su colegio. No buscamos culpables, no queremos hacer una cadena de búsqueda o de odios; inclusive no queremos saber quiénes son ustedes. Yo también en muchísimas ocasiones estuve tentada por la ambición y el placer terrenal.

Dios es tan inteligente, que jamás nos imaginamos (ni ustedes ni nosotros) estas cadenas de oraciones y rezos a nivel nacional y mundial que han surgido; Dios quiere que la humanidad ore bajo un solo fin: misericordia por ustedes, por los muchachos, por nosotros los padres y por el mundo: «Señor, ten misericordia de nosotros y del mundo entero».
Ya ustedes, Sres. secuestradores, conocen a mis hijos; saben que no son “tan” malos... y saben que nacieron no para ser negociados, sino para cumplir una misión: darnos a conocer lo hermoso que es el perdón y la misericordia de Dios.
Sres. secuestradores: les agradezco tantas cosas, que algún día lo van a entender; les agradezco que por fin hayan clavado el “cuchillo” que tenia en el corazón cada vez que mis hijos salían de la casa, les agradezco hacerme conocer las bondades de mis familiares y amigos y darme cuenta que «la vida no es tan mala, a pesar de estar dentro de nuestros miedos», el conocimiento verdadero de mi religión; tengo el cuchillo del secuestro clavado en mi pecho ¡y todavía puedo rezar!

Todos aprendimos de esta experiencia, que por ser mala, no deja de ser experiencia. Si Dios los escogió para finalizar con la misión de esas criaturas, no puedo hacer nada para evitarlo: no soy nadie delante de ustedes ni delante de Dios: sólo les suplico que lo hagan rápido y mientras ellos duermen, les suplico que le den una foto de cualquier santo para que no se sientan solos... lo único que puedo yo hacer de mi parte, es rezarle a sus Ángeles para que la subida al cielo, sea rápida y hermosa.
Pero si el manto de la misericordia llega a sus corazones, ¡entonces, sí puedo hacer mucho! Devuelvan a esas criaturas a sus casas, para yo así poder terminar la misión que Dios me encomendó desde el primer día que nacieron de mi vientre: hacerles ver nuevamente que a pesar de cualquier tragedia en la vida, a pesar de la parálisis y traumas, todavía ¡vale la pena tener fe y vivir!

Carta de la Sra. Gladys a los secuestradores de sus hijos, enviada el 22 de marzo de 2006

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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