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Huellas N.10, Noviembre 2005

CULTURA Pier Paolo Pasolini (1922–1975)

P. P. P. profesor. Un oficio exigente

Mauro Grimoldi

Durante siete años Pasolini dio clase de Literatura en su amado Friuli. Su experiencia se refleja en el relato Romans, que narra la historia del capellán don Paolo y del profesor comunista Renato, figuras de las dos caras atormentadas del poeta

«Me embarga una pregunta a la que no sé responder»
(P. P. Pasolini, Teorema, 1968)

Hace treinta años moría Pier Paolo Pasolini. Pasolini impuro, atormentado, controvertido y doliente. «Estoy “bloqueado”, querido don Giovanni, tanto que sólo la Gracia podría liberarme. Mi voluntad y la de los demás son impotentes... Quizás porque desde siempre estoy como “caído del caballo”: jamás me alcé orgullosamente montado sobre la silla (como muchos poderosos en la vida o tantos míseros pecadores). Desde siempre caí del caballo y uno de mis pies se quedó atrapado en el estribo, y así mi carrera no es una cabalgada, sino un ser arrastrado, mientras mi cabeza choca contra el polvo y las piedras. No puedo volver a montar, ni sobre el caballo de los Judíos ni sobre el de los Gentiles, ni tampoco caer para siempre al suelo sobre la tierra de Dios» (carta a don Giovanni Rossi, director del círculo cultural Pro Civitate Cristiana, 27 de diciembre de 1964). De esta “tierra de Dios” que para él fue el Friuli queremos hablar. El Friuli de Susana Colussi, su madre, que fue maestra de primaria, y de Guido, su hermano, partisano de la brigada Osoppo, masacrado por los partisanos de la Garibaldi cerca de la vaquería de Porzus en febrero de 1945. Durante siete años Pier Paolo fue allí profesor de Literatura italiana y de Friulano en la Academia de la lengua friulana. Esa tierra fue realmente “tierra de Dios” para su madre; para él, quizás, fue “tierra de Pedro”, que lloró amargamente al cantar el gallo: «¡Ah, dulce religión, tantas veces traicionada!, cuando tu fuente se seca, entra en el hombre la locura» (Poesía in forma di rosa, Milán 1976).

Entusiasmar a los chicos
En un relato que se titula Romans, como el nombre de una villa friulana, se narra la historia del padre Paolo, capellán del pueblo, y de Renato, un comunista, profesor de secundaria: las dos caras, si se puede decir así, del alma lacerada de Pasolini. En este rincón de Italia, el joven sacerdote, recién llegado al pueblo, organiza unas clases de apoyo escolar en un cuartucho al fondo del cine parroquial. En el intenso diálogo entre el sacerdote y el profesor se refleja la experiencia en esos años del Pasolini profesor, sensible a los métodos educativos de la “escuela activa” y, a la vez, agudo observador capaz de captar la naturaleza profunda del fenómeno educativo: «He leído algo de los modernos métodos educativos (que ensalzan la actividad del niño), que se valen de “medios” que no son la simple relación oratoria del profesor, sacrificando su tradicional autoridad a favor de la participación activa de los chicos. Esencialmente, está bien, pero... para que los chicos tengan ganas de estudiar, para “entusiasmarles” se necesita mucho más que un método más adecuado e inteligente. Se trata de matices, de matices arriesgados y emocionantes». Son los matices propios de la libertad y del Misterio, de lo imprevisible. «El método de la Montessori y de los positivistas tiene sin duda sus ventajas, pero su fe en las aplicaciones exteriores y en mejorías graduales y previsibles, ese optimismo que no tiene en cuenta el misterio y las incongruencias que están en el fondo de la libertad... Cambiando los términos, el mismo defecto se encuentra en el pensamiento educativo de los idealistas, que en concreto tampoco tienen en cuenta las contradicciones, lo irracional, lo gratuito y lo puro viviente que hay en nosotros. Contar con todo esto, en cambio, forma parte de una pedagogía verdaderamente positiva, difícil de presentar en un texto escolar, porque más bien coincide con la competencia de quien vive en el círculo continuamente móvil del espíritu, con la mirada fija en el juego de la Providencia».

Soledad y sufrimiento
La educación, entonces, no puede ser más que amor, y amor arriesgado, porque se trata de entregar todo lo que somos y todo lo que hemos recibido en manos de otro, libre hasta el punto de poder rechazar lo que le ofrecemos. «Puede educar sólo quien sabe lo que significa amar, quien cuenta siempre con lo Divino». Llegados aquí, el padre Paolo zozobra bajo la incertidumbre, por el peso mortal de “la cosa” que angustia también a Pier Paolo: «Jamás he aceptado mi pecado, jamás he pactado con mi naturaleza, jamás me he acostumbrado a ella. He nacido para ser sereno, equilibrado y natural: mi homosexualidad me es ajena, no tiene que ver conmigo» (carta a su amiga Silvana Mauri). «¡Pobres chicos! –escribe el sacerdote en su diario–. ¿Por qué les ilusiono con el amor? ¿Por qué los tengo siempre pendientes de una Presencia de la que sólo se habla, que sólo se pronuncia, se nombra?». Pier Paolo abandona aquí la trayectoria del sacerdote, solo y humillado, y se orienta hacia la perspectiva política de Renato: «Cómo explicarles que, cuando Cristo dice: “Confortad a los enfermos, dad de comer a los hambrientos, etc.”, para nosotros quiere decir: “Reformad las estructuras”» (son casi las mismas palabras que Pasolini escribe en 1954 en una carta dirigida a Carlo Betocchi). La reacción del padre Paolo es débil; intuye la “atracción” ideológica de la afirmación del profesor comunista, pero no sabe contraponer más que soledad y sufrimiento: «La imitación de Cristo es una experiencia que no nos podemos saltar, y cada hombre debe llevarla a cabo solo, cada hombre debe asimilar, solo, su sufrimiento». «Mi enfermedad –escribe Pasolini a Silvana Mauri en 1949– consiste en “no cambiar”».

El canto de la misericordia
¿Cómo se puede cambiar sin el canto de la misericordia? «Oh canto, canto ligero entre el corazón y el corazón del cielo, si callas tú las pestañas de la vida se cierran».
¿Y existe misericordia sin el pueblo que de ella nace? «La victoria de la Pascua es el pueblo cristiano», escribió don Giussani.
Pero Pasolini no sabe, no puede, quizás no quiere creer en esto e impulsado por “tétrico entusiasmo” declara: «El pueblo era el trigo que no muere. Ahora empieza a morir».
Aunque en 1953 el mismo hombre escribía estos versos:

Il Signòur ni à vistùt di ligrìa e pietàt
na corona di amòur a ni à mitùt tal ciaf.
Il Signòur l’à vulùt sbassà duciu i mons
implenà li valadis fa dut vualìf il mond,
parsè che il so popul cuntènt al camini
par la quieta ciera dal so quiet distìn.
Il Signòur lu saveva che tal nostri còur
davòur dal nustri scur a era il So luzòur.

[El Señor nos vistió de alegría y piedad, con su amor nos coronó. El Señor quiso rebajar montes y collados, colmar valles e igualar el mundo para que su pueblo camine contento por su tierra queda y su sereno destino. El Señor sabía que en nuestro corazón, tras la oscuridad, estaba su claror.]

Si hubiera podido escuchar el canto de la Misericordia que es el pueblo cristiano, quizás hubiera gozado también él del inicio profético de ese cumplimiento que supo anticipar en versos preciosos:

Tal còur di un frut
Al à suspiràt! Diu al à suspiràt!
li stelis a balavin di contentessa
li montagnis e li rojs a balavin
i franzej e i lùjars a balavin.
I fili di erba a balavin
a balavin i lièurs, al soreli,
a balavin i viers tai seàj
i spics a balavin l’erbarosa a balava.
Li fantassinis a balavin
e i zòvins di domènia a balavin
la flama ta la ciasa a balava
i medicàrs e le gravis a balavin
Diu al àò ciaminàt par ciera
e sot il So piè la erba
e sot il So piè la erba
e Diu sot il So piè la erba
Diu al à ciaminàt tra li zemis
e un rosignòul al sigava
e un rosignòul al sigava
e a sigavan i rosignòj.
Diu al à ridùt
e la ploja ta li violis
la ploja ta li violis
e la ploja ch’a balava ta li violis!...

[En el corazón de un niño ¡suspiró! ¡Dios suspiró! Las estrellas saltaban de alegría, montes y ríos bailaban, aves y pájaros danzaban. [...]
Dios anduvo en la tierra y bajo sus pies la hierba, y Dios tuvo, bajo sus pies, la hierba. Dios anduvo entre los nuevos brotes, y un ruiseñor cantaba y un ruiseñor gritaba y chillaban los ruiseñores. Dios sonrió y la lluvia bañó las flores la lluvia bailó sobre las flores...]

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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