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Huellas N.9, Octubre 2005

PRIMER PLANO Educación

Forum. La pedagogía del acontecimiento

a cargo de Renato Farina

Algunos profesores, provenientes de los cuatro continentes, responden a preguntas sobre su obra educativa y su tarea: comunicar el acontecimiento que alegra la vida

Escribe don Luigi Giussani: «Para nosotros, para todas nuestras expresiones, la clave es la educación». Una mañana, en la Asamblea Internacional de Responsables en la Thuile, nos sentamos en círculo unos cuantos. A parte de quien escribe, algunos profesores de los cuatro continentes. Pregunto: «¿Cuál es vuestra obra educativa? ¿Qué enseñáis verdaderamente?».

María del Carmen Carrón, 46 años, Madrid, España: Verdaderamente domina el nihilismo también entre los docentes. El dominio de la nada teorizada y vivida vaciaría la tarea educativa, si la realidad no fuese más fuerte. Me explico. ¿Qué podemos enseñar a los alumnos si no existe un significado? Solamente reglas de convivencia. Pero yo este significado lo he descubierto como un acontecimiento. En mi instituto y en mi familia propongo entonces lo que llamo “pedagogía del acontecimiento”; mi tarea educativa es poner al otro frente a la realidad. Hay algo más allá de la apariencia; la apariencia es un signo. Ayudo a los chicos a abrirse a la realidad. Y esto saca a la luz la pregunta por la felicidad y el sentido.

¿Va todo bien?
María del Carmen: Quizás por el hecho de trabajar en una escuela estatal, lo cierto es que el primer problema que tengo que abordar en mi labor educativa son los propios padres. Cuando les digo que deseo la felicidad de sus hijos me topo con su escepticismo. Imposible, me dicen. Yo respondo: si uno renuncia a esto, renuncia a todo. El nihilismo está en los padres. Los chicos lo perciben y se rebelan, incluso de modo violento.

¿Y tú qué haces?
María del Carmen: Les ayudo a afrontar la realidad, consciente de quién soy yo y del acontecimiento que me constituye. El desafío, para ambos, es la realidad. Es como cuando llevo a los chicos de excursión: ante las montañas, les provoco a ir más allá de su horizonte; Y así en cada gesto.

Ramzia Saleyeva, 25, Astanà, Kazajistán: Mis estudiantes universitarios están acomodados. En principio, se contentan; no se preguntan nada. A menudo yo también me dejo llevar por este nihilismo de la rutina. Por pereza, uno se contenta con conseguir un título; yo misma era así. Sin embargo, algo me ha sucedido. El padre Edo, que enseña conmigo, me recuerda que existe algo en esos rostros, algo que ni siquiera ellos mismos ven. Les hemos invitado a excursiones, a leer juntos El sentido religioso. La vida cambia. No es que nosotros –Edo y yo– seamos geniales, es que nos mueve el deseo de vivir más profundamente la experiencia de Cristo, que es tan humana y nos hace tan felices, y esto les alcanza. Mi deseo es poder comunicarla a nuestros estudiantes. El primer modo de luchar contra el nihilismo, es, simplemente, mirar a los chicos con la certeza de que sus vidas están llenas de sentido.

Semea Assaf, 42, Brasilia, Brasil: Veo en mis alumnos la falta de deseo. Les provoca que haya alguien que viva con un significado. La pregunta que me plantean más a menudo es esta: «Tienes la edad de mis padres. ¿Por qué tú, sin embargo, estás contenta?». «Porque mi vida tiene un significado», les respondo. Y ellos: «¿Cuál es?». Yo: «Venid a conocer a mis amigos». Trabajo en una escuela para pobres. En nuestra compañía descubren el deseo que les constituye. Algo que es más grande que el éxito social. Les orientamos hacia la universidad atendiendo a sus actitudes. En síntesis, mi trabajo de educadora es ayudarles a descubrir el significado de todo en la vida estando yo contenta. Me dicen que soy dura, que les exijo, pero al final del curso se quedan conmigo. No me sueltan.

Gloria Cuccato, 46 años, Milán, Italia: Los chicos no tienen preguntas porque no reconocen la dignidad de su malestar. ¡La mayor urgencia que tienen es encontrar a alguien dispuesto a ser como una morada para ellos, que les dé tiempo gratuitamente y comparta con ellos la vida! Las clases pueden servir como una introducción a la totalidad, pero no somos creíbles hasta que no se convencen de que mi propia vida es una morada para ellos. Cuando me doy a mí misma sin ningún proyecto, más allá de la escuela y del rendimiento escolar, cuando comparto mi tiempo libre con ellos, entonces emergen sus verdaderas preguntas. Cuando alguien comparte su vida, entonces preguntan.

María del Carmen: Einstein se sorprendía de que los sistemas educativos actuales no acabasen con la curiosidad de los chicos. Sin embargo, al parecer lo están consiguiendo. El deseo, la curiosidad menguan. Lo que acaba de comentar Gloria supone un desafío: ¿es la escuela un lugar capaz de educar? Si los chicos tienen que salir del colegio para manifestar sus preguntas existenciales, debemos preguntarnos si no habrá abandonado la escuela su misión.

Si en un sistema escolar entra una presencia viva, vuelven la curiosidad y el deseo. Y la escuela deja de limitarse al horario de las clases, porque el chico se queda a la salida para estar con quienes comparten su vida. ¿Es así?
María del Carmen: Debemos reconocer la novedad que viene de nuestra experiencia. Por ejemplo, en España, hemos abierto un colegio a las afueras de Madrid, el “Maximiliano Kolbe”. Padres ateos han descubierto el gusto de educar a sus hijos a través de la relación con los profesores. Y esta relación les ha educado a ellos y a los profesores. Se ha superado el nihilismo. Se ha despertado el drama de la vida. También los padres aprenden allí y comparten su vida el fin de semana. El colegio se ha convertido en una casa para todos.

P. Silvano Lo Presti, 35 años, Lisboa, Portugal: Lo mismo está sucediendo en Lisboa. Hemos asumido la dirección de un colegio. Después de dos años, la tarea educativa no se limita a los alumnos, interesa también a los padres. Las generaciones a educar, en realidad, son dos. También vale para el resto de los profesores. Alguien que te indica el camino y te quiere.

Experimenta una compañía verdadera, comunica a todos su belleza.
Maite Barea, 50 años, Madrid, España: Enseño economía en la Universidad Autónoma. Conocí el movimiento a través de los chicos. Si esto me ha ocurrido a mí, puede ocurrir a cualquiera en la universidad. Sólo es necesario ver una persona viva; yo conocí a los chicos, me han educado ellos y he visto que la tarea educativa era para todos. Lo mismo que cuenta Gustave Bardy hablando de los primeros siglos del cristianismo: pasó de experiencia a experiencia. Yo no sé hacer discursos que convenzan sobre el sentido. Pero lo veo encarnado en la experiencia de las personas: de experiencia a experiencia. Esto es humano, se puede hacer. «¿Por qué vengo a dar clase, por qué estoy aquí?». Quiero vivir en primera persona. Estas preguntas tienen que ver conmigo. ¿Por qué me gusta la investigación, por qué estoy contenta? Y esto, claro, se comunica palpablemente. Por Navidad y Pascua felicito a mis compañeros con los manifiestos del movimiento. Los reduzco a tarjeta y se los envío. Ahora muchos los esperan. La mayoría de mis colegas son de izquierdas. Pero están sorprendidos por una pertenencia tan clara como la mía. La administradora de la facultad me dijo: «Siempre espero que me llegue tu felicitación de Navidad». En economía dar un juicio distinto no es fácil, pero yo lo intento. Pongo un ejemplo. Lección sobre desarrollo. Me preguntan: «¿Por qué dices que no basta el cambio de las estructuras, sino que es necesario el de las personas?, ¿cómo es posible?». Respondo: «Yo he sido cambiada por Cristo. Puede ocurrir». Ciertamente, existe una gran fragilidad: comienzas una relación, das un paso, desaparecen, como si tuviesen miedo, y supone un dolor. Puede ser, sin embargo, que años después vuelvan. Se pone de manifiesto que algo les había ocurrido, y cinco años después, uno vuelve y te dice: «¡Quiero conocer vuestra experiencia!».
Anna Kan, 25 años, Karaganda, Kazajistán: Enseño alemán en la universidad estatal; mis estudiantes acuden para lograr un éxito social. Al cabo de un tiempo, el entusiasmo desaparece. Se hacen escépticos, cínicos. Esto es el nihilismo. No hay tanta diferencia entre mis estudiantes y yo. Este abismo invisible atrae a todos. Si no fuera educada en nuestra amistad, también sucumbiría yo. Aquí aprendo a ver el Misterio que hace todas las cosas: es un trabajo diario. Verlo dentro de todo lo concreto, dentro de la gramática alemana. Educar quiere decir construir relaciones de amistad entre personas que reconocen este Misterio.
Joe Morgan, 35 años, Londres, Reino Unido: Es preciso correr el riesgo de educar. Como alguien arriesgó con nosotros, yo lo hago con ellos. La educación es continua; siempre somos educados. Alguien me educa constantemente; de la misma forma trato de hacerlo yo en la escuela con los estudiantes. ¿Qué es para mí la educación? Alguien que me dice: yo estoy contigo para siempre. Es el método de don Giussani. Aquello que necesitamos es lo mismo que necesitan los chicos.
Oksana Dubnyakova, 31 años, Moscú, Rusia: Soy profesora de francés en la Facultad de Humanidades. Es difícil. Se derrumbó la ideología marxista, pero ha nacido otra. Faltan las razones; ni siquiera comprenden qué quiere decir ser querido. Ha cambiado el sistema, pero hemos perdido el alma rusa. ¡Yo comprendo que es necesario reconquistar el alma rusa! Aquí todo se hace a base de tests. Las chicas –estrafalarias, minifalderas, en fin, rusas… quieren: 1) casarse, 2) niños, 3) marido que gane mucho dinero. Yo asumo el riesgo de comunicarme a mí misma. Pertenezco a los Memores Domini. «¿Y usted por qué no se casa?», me preguntaron. «Hay un manera más bella de querer», les contesté. No entendieron, se quedaron perplejas. Sin embargo, día tras día algunas empiezan a barruntar otra cosa. Se pegan a mí. Y yo estoy con ellas.
Gloria: El conocimiento es un encuentro amoroso.
Semea: Reparando en mi experiencia de estos últimos tiempos, me doy cuenta de que mirar a esos chicos me ha educado. He aprendido que no soy superior; puedo tener más madurez, pero estoy allí para aprender con ellos a conocer el Misterio de la vida.
Francisco Monteiro, 47 años, Lisboa, Portugal: La educación estatal en mi país se apoya en una falsedad; durante 200 años se sucedieron tres persecuciones contra la Iglesia, con miles de detenidos y de muertos. Esto no se cuenta en los libros de texto. En este contexto, propongo a los chicos una amistad libre, sin tener miedo a perderlos, sin depender de su respuesta. Un gesto muy significativo para ellos, y también para mí, ha sido la caritativa, que ha cimentado nuestra amistad. Hemos crecido en valentía. El director me ha prohibido rezar el Ángelus. Los chicos continúan rezándolo solos y los compañeros les miran estupefactos. Se preguntan: ¿qué les ha ocurrido a nuestros compañeros de clase?

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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