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Huellas N.2, Febrero 2005

PÁGINA UNO

¿Qué es el cristianismo?

Apuntes de una Conversación de Luigi Giussani con un grupo de estudiantes universitarios. Chiesa Valmalenco, 31 de agosto de 1978

El tema de la asamblea de hoy es la situación del movimiento, la vida del movimiento.
Don Giussani Se ha dado un título genérico para que se pueda plantear cualquier cuestión que nos apremie; pero, partamos de donde partamos, debemos llegar a un “determinado” punto.
Intervención En estos últimos meses me he dado cuenta de algo muy importante; de repente he comprendido que no conocía todavía lo que es el movimiento. Pero esto, lejos de ser algo malo, ha resultado muy atractivo: se ha abierto un espacio de conocimiento nuevo para mí, de profundidad y gusto por la vida, que todavía no conocía. Con otras palabras: decir que no conozco aún el movimiento significa que hay una profundidad de vida que todavía no es mía. Esto sucede porque veo a otros que la viven. Es clave la tensión por aprender de los demás, de forma que se revele con mayor profundidad que el cristianismo es la posibilidad que se me ofrece de ser hombre. Este es el corazón del cristianismo y coincide con el corazón del movimiento: ambos son la posibilidad para mí de ser hombre.
Don Giussani Perdonad, pero en lo que has dicho hay dos nexos que debemos tener presentes; no debemos salirnos de este argumento, pues si no perderíamos el tiempo. Que cada uno sea libre de contar su experiencia, especialmente la de este año; no quiero restar espontaneidad, pero quiero anticipar que el punto al que debemos llegar corre dentro de un cauce cuyas orillas son los dos nexos aludidos. Has hablado del nexo entre movimiento y cristianismo y del nexo entre cristianismo y humanidad, nuestra propia humanidad. Si nos salimos de estas dos referencias o de estas “sinonimias”, hablamos en balde, o bien, contamos hechos y reacciones que –perdonadme– son inútiles.
Es más, casi, casi, podríamos cambiar de tema. ¿No podríamos cambiar de tema? Juzgad vosotros. ¡Cambiamos de tema! Porque para todos resulta claro que el movimiento es una modalidad contingente a la que cada uno se adhiere por una experiencia o una esperanza de enriquecimiento. Incluso el encuentro con él ha sido casual, para todos. Es una modalidad contingente para introducirse de forma más madura y gustosa en el hecho cristiano. Pues, si no, ¿qué sería el movimiento? El valor del movimiento es su función pedagógica con respecto al hecho cristiano. Esto es lo que nos interesa.
Entonces yo propondría suspender el tema que establecimos esta mañana y preguntar a quemarropa: ¿qué es para nosotros el cristianismo? ¿Os parece que lo cambiemos en este sentido? Así convertimos nuestra asamblea en una catequesis, una hora de doctrina, de catecismo.
¿Qué es para nosotros el cristianismo? Si alguien tuviera un pie en el movimiento y esto no coincidiera con la búsqueda de una respuesta inteligente a esta pregunta, una respuesta que sea una provocación existencial y una ayuda práctica, sería un necio; si alguien estuviera con nosotros sin tratar de responder a esta pregunta, sería verdaderamente insensato.
Preguntémonos cuándo nos hemos planteado esta pregunta, no como algo que espontáneamente nos viene a la cabeza, sino con una voluntad sistemática: “sistemática” no en el sentido escolar del término, sino en el sentido vital del término, porque la vida es un organismo, es un sistema.
Si pensáis que es un cambio presuntuoso o pesado, volvemos al tema anterior. Pero yo os lo propongo porque, en realidad, no me parece un cambio. En todo caso nos ayudará a eliminar los pasos inútiles, porque no nos interesa “el movimiento”, sino una respuesta para la vida. Y el cristianismo, para nosotros, es esta respuesta para la vida... Entonces, ¿estamos de acuerdo?
Pues, ¡adelante! Entremos in medias res. ¿Qué es para nosotros el cristianismo?
Intervención Aprendo a concebir el movimiento como el lugar de la presencia del Señor y, por tanto, de mi verdad; no como un lugar de gente que se reúne porque piensa de la misma manera sobre determinados asuntos. Intuyo que aquí, con estos rostros, con estas personas, se juega mi salvación.
Don Giussani ¿Y entonces? Estoy un poco obtuso, pero ¿qué conexión tiene tu intervención con la pregunta que hemos planteado?
Intervención La conexión inmediata es que aquí...
Don Giussani Pero, ¿qué es el cristianismo?
Intervención Es la verdad de mi vida.
Don Giussani Has usado otra palabra: la palabra “salvación”.
¡ Lo único, amigos, es que tenemos que ir hasta el fondo de estas palabras! No se comprende una palabra si no se percibe su calado –como decís vosotros–, su espesor existencial. Una palabra es como un indicador: señala una realidad. La palabra es signo de una realidad; es como si hubiese una flecha que indica... Entonces, no se entiende una palabra si no se percibe la realidad que señala.
Por este motivo, en mi opinión, “qué es el cristianismo” es la pregunta más urgente para quienes nos comprometemos con él. Pero lo es también para todo el mundo, si se entiende el cristianismo –aunque solo sea como hipótesis– como una propuesta dentro de la historia para que el camino humano sea más auténtico y más segura la relación con el destino.
Entonces es necesario romper la envoltura formal de palabras como “salvación” o “verdad”, porque todo tiende a decaer en formalismo. Toda revolución y reforma, ¡cualquiera!, cae pronto en el formalismo, la tipificación y el esquematismo. Hay un peso, una inercia del ímpetu humano por la cual la riqueza de ese ímpetu se inclina hacia la muerte, ¡rápidamente! Es consecuencia del pecado original. “Pecado original” es la expresión que más fácilmente se vacía en nuestro lenguaje –de hecho, mucha teología del post-Concilio la ha vaciado del todo–, porque parece no tener conexión con nada, no coincidir con nada de nuestra experiencia, no relacionarse con ningún hecho concreto de la vida. Por ello, el pensamiento moderno la considera algo abstracto y trata de identificarla como mucho con una deficiencia, con la distancia entre lo que el hombre es y lo que debe ser. Por eso la palabra “pecado original” indicaría el estadio inferior de una evolución: el pecado original sería la evolución que no marcha hacia delante como debiera. ¿Me explico? ¡Pero no es esto! El pecado original es una idea esencial para la antropología cristiana, e indica esto: cualquier esfuerzo, cualquier iniciativa que el hombre emprenda (intelectual o práctica, doctrinal o afectiva), existencialmente decae, tiende a resbalar hacia la muerte, hacia el formalismo, hacia la esclerotización total.
Tal vez algunos recordéis el ejemplo que ponía en clase, el de la cuerda: si yo camino sobre una cuerda que está en el suelo, lo hago sin ningún problema. Pero tomad la cuerda y elevadla a cien metros de altura: ya no consigo hacerlo. Por tanto, yo tengo la capacidad teórica, estructural, de hacerlo, pero si la condición existencial cambia, ya no soy capaz de ello: si me subieseis la cuerda a cien metros de altura, ¡tendría que ser equilibrista!
Es una comparación. La doctrina católica dice esto del pecado original: que el hombre, estructuralmente, debería ser capaz de hacer ciertas cosas, pero existencialmente se encuentra en una condición tal –su condición existencial– que es incapaz de perseguir los ideales que nacen dentro de él, y el ímpetu ideal se corrompe enseguida, corre hacia la muerte.
Es impresionante que, al aplicar esta idea cristiana a nuestra vida, lo abarque todo, afecte a todo lo que conforma nuestra existencia concreta.
Si alguien no ha descubierto todavía en sí mismo esta corrupción de sus ideales más nobles como ímpetu original (el afecto a la mujer, la atención hacia el otro, la compasión por el otro, la pasión por la verdad, la fascinación que atrae al hombre hacia la realidad y cuyo rostro inmediato es la curiosidad, la fascinación arrolladora de la curiosidad), si alguien no ha descubierto todavía en sí mismo la corrupción inmediata que estos ímpetus nobles asumen inmediatamente (es como si no aguantasen, no consiguiesen mantenerse a la altura a la que nos empuja el ímpetu original), entonces no es todavía un hombre, es aún un crío.
¿Recordáis cuántas veces, también en los Ejercicios, hemos observado las experiencias humanas preguntándonos cuáles son las más poderosas, las más humanas? Y respondíamos: el amor entre hombre y la mujer, el amor entre padres e hijos, la pasión política. Pasión política, en el sentido platónico, más amplio, del término: la pasión por un servicio eficaz para la convivencia, para que ésta sea más expresiva de lo humano, para que sea una ayuda mayor en el camino del hombre, de todos los hombres. Y también decíamos que no había fuente más impetuosa e irrefrenable de egoísmo, de instrumentalización del otro, que estas mismas experiencias. Solo cabría la desesperación, humanamente hablando, porque no hay nada que hacer, y cuanto más pretende uno crear por sí mismo un sistema para corregir tal destino amargo de lo mejor que siente nacer en él, tanto más se genera una ilusión ficticia, que agrava el final de la cuestión.
La presunción del hombre de salvarse a sí mismo está en el origen de todos los despotismos, los terrorismos, las intolerancias y la violencia, desde la sociedad a la vida familiar, desde la vida asociativa a las relaciones de amistad.
En el cristiano al que se le ha anunciado la salvación esta desesperación se elimina, y queda una tristeza luminosa y llena de esperanza.
Intervención En el libro Barrabás de Par Lagerkvist, cuando san Pedro se encuentra con él bajo los soportales no le reconoce, y Barrabás empieza a interrogarle. Y Pedro responde: «Ha resucitado de la muerte: le esperamos». Barrabás no se lo cree y Pedro le dice: «Algunos dicen también que es el Hijo de Dios. Podría incluso ser...». Barrabás se escandaliza todavía más. Y Pedro añade: «Algunos dicen que es el Hijo de Dios. Podría incluso ser verdad, pero lo que a mí me importa es que él vuelva aquí como antes».
Me ha impresionado este deseo de Pedro: deseaba que la experiencia que había vivido con aquel hombre fuese de nuevo actual, era lo que más le apremiaba. Para mí el hecho cristiano es algo parecido: es una experiencia, un gusto que he experimentado y quiero que continúe. Lo que se sigue es una experiencia de humanidad plena. Y el seguimiento, como dijiste una vez, es «el parangón crítico con la propuesta que se nos hace».
Don Giussani Lo que has dicho es justo como introducción, pero solo como introducción. Es necesario dar razones, como decía san Pedro: «Tenemos que dar razón de la esperanza que hay en nosotros». Debemos aprender a dar razones de ella.
La pregunta ¿qué es el cristianismo?, no es una pregunta formal. Es “la” pregunta. Porque uno de los peligros más graves es justamente esta falta de razones. No es un peligro que amenace nuestra adhesión, porque nos adherimos a una realidad tan rica que, humanamente hablando, uno entiende que saldría perdiendo si la dejara. Es un peligro para nuestra capacidad de presencia, porque lo que con el tiempo desafía a la sociedad no puede ser sino únicamente una razón, una esperanza que comunique sus razones.
Pero lo último que has dicho lleva a esto que estoy diciendo: el seguimiento es el parangón crítico entre el conjunto de exigencias originales que llevamos dentro y la propuesta que se nos hace. Solo que el parangón crítico entre este conjunto de exigencias que hay en nosotros y la propuesta que se nos hace implica un trabajo nada fácil.
Nada fácil porque, en primer lugar, descubrir las exigencias originales que tenemos no es de ningún modo algo instintivo o inmediato. Debería ser inmediato, pero no lo es. ¿Por qué? Porque nuestra cabeza está completamente “hundida” en la mentalidad de la sociedad. La cultura dominante es nuestra mentalidad, por eso nuestra estructura original está sepultada bajo el sedimento de las circunstancias históricas, bajo la influencia de la sociedad. Hay que perforar todo este sedimento, ¡hay que romperlo! Hace falta algo más que la bomba atómica, porque la pobreza del espíritu es algo mucho más subversivo, más potente que una bomba atómica.
Además, en segundo lugar, es necesario prestar una atención leal a la propuesta que se nos hace. Y esto también es difícil, porque la persona, en la febril angustia, en el ansia o deseo de encontrar respuesta a sus sentimientos justos, se crea imágenes, fórmulas, o bien se adhiere a aquello que de inmediato le gusta (ya lo decía san Pablo).
Por eso es necesario un trabajo. En este sentido, amigos, es evidente el nombre de ese trabajo que debemos hacer: seguimiento. Seguimiento es el término que indica el trabajo que debemos hacer y que afecta a todo.
El descubrimiento de lo que es el cristianismo se produce sólo siguiendo y el gusto nuevo de la vida sólo se experimenta siguiendo. Pues de otra forma uno se queda parado, contento con sus opiniones. Pero contentarse con nuestras opiniones es propio de burgueses, proporciona –si queréis– una satisfacción burguesa. La satisfacción burguesa no tiene resuello; sin resuello, es como el asma; el gusto burgués de la vida es un asma.
Intervención Para mí el cristianismo es la forma de apasionarme con todo, incluso con lo más banal, y de comprender el significado de todo sin ser esclavo de nada (de las ideas que tengo, de mis opiniones o de mis límites). Escuchando lo que decías comprendo que lo he aprendido.
Don Giussani Con tu intervención has revelado una consecuencia: es un corolario de lo que es el cristianismo. Puede ser también un criterio diagnóstico, un criterio heurístico.
Intervención Ante la pregunta que has planteado, me doy cuenta ahora de que efectivamente es todo menos formal, y responder a dicha pregunta me pone en aprietos.
Yo haría esta comparación. Si tú me preguntaras qué es la vida, tendría la misma dificultad y respondería: pues, es lo que soy, que va hacia delante.
Pero para mí, ¿qué es el cristianismo? No consigo pensar en mí mismo fuera del hecho cristiano. El cristianismo es el hecho de que hay Uno que me ha aferrado, que se ha hecho presente en mi vida, y por el que mi vida ha podido empezar a ser vida, puede ser vida de verdad.
Ahora bien, esta Presencia gracias a la que ya no vivo en términos de soledad y, en última instancia, de muerte, tiene también una gran connotación: que esta misma Presencia se constituye como juicio dentro de mi vida. No sé si consigo expresar en todo su valor existencial la palabra “verdad” que se ha dicho antes, y sin embargo el deseo más grande de mi humanidad es descubrir, volver a reconocer qué es la verdad, qué dirección ha tomado mi vida, qué es aquello por lo que vale la pena vivir, por lo que vale la pena luchar.
Por tanto, esta Persona, que se ha hecho presente en mi vida, es juicio sobre mi existencia, es la fuente de...
Don Giussani Mira, tu intervención indica otra posible consecuencia de lo que es el cristianismo. El cristianismo ha suscitado la experiencia que describes y, por ello, se ha convertido en un juicio en tu vida. Pero esto es una consecuencia. Nosotros estamos buscando qué “es” el cristianismo.
Intervención Pensando en estos últimos meses, quería decir qué es la experiencia cristiana. Diría que es el modo de no impedir a la vida...
Don Giussani No, perdona, quizá está equivocada la pregunta. Nos preguntamos qué es el cristianismo. Tenemos que encontrar una respuesta que, aunque yo fuera ateo, valiese también para mí. ¿Me entendéis? No la reconocería, pero debería valer también para mí. ¿Me explico?
¿Qué es (¡es!) el cristianismo?
Intervención Reconocer Su presencia dentro de la vida, las cosas, los hechos que suceden: reconocer la presencia de Otro.
Don Giussani Entonces el cristianismo es un fenómeno eminentemente subjetivo. Subjetivo quiere decir que eres tú el que reconoce una presencia. Como aquella vez cuando don Franzoni fue a Busto Arsizio a participar en un debate sobre el divorcio, y una mujercilla le protestó. Él había desarrollado primero el tema “Quién es el cristiano” (el cristiano es el que quiere la justicia para los pobres), después “Quién es el marxista” (es el que quiere la justicia para los pobres), y había concluido que en la actualidad el cristiano era el marxista. Entonces una viejecita levantó la mano y le dijo: «Pero entonces, ¿qué diferencia hay?». Y Franzoni, un poco torpemente: «Bueno, el cristiano ve a Cristo en el pobre, mientras que el marxista no». En ese momento un amigo nuestro levantó la mano y soltó: «Entonces, ¡el cristiano es un visionario!».
Mirad, por favor, no hay en mí ningún afán de polémica; todas vuestras respuestas son justísimas, pero quiero que vayamos más al fondo. En los términos que ha dicho nuestro amigo, el cristianismo sería un hecho subjetivo, es decir, el percibir una presencia real entre nosotros. ¿No me explico?
Intervención Yo respondería así: el cristianismo es el hecho objetivo y vivo de la Iglesia, que se ha vuelto razonable, significativo y lleno de promesa de vida para mí en encuentros históricos que son el movimiento. Es la propuesta de la Iglesia tal como ha llegado hasta nosotros: en sus gestos, su vida, su verdad, que ha adquirido evidencia ante mi humanidad a través de ciertos encuentros, porque si yo no hubiese conocido a personas concretas, esa realidad objetiva no habría sido para mí, no sería significativa para mí y no estaría llena de esperanza para mí.
Intervención Me resulta casi imposible decir qué es el cristianismo sin estar implicado en él. No consigo distinguir la conciencia de lo que es el cristianismo del seguimiento. Esto me lleva a decir que mi inteligencia llega a plegarse ante algo de cuya medida no tiene evidencia, pero que es como el primer criterio del que partir. La esencia del cristianismo es reconocer que Dios es un hecho histórico, es decir, que el significado, la totalidad que deseo, que cada uno de nosotros desea, es un hecho histórico.
Intervención Pero eso es la fe.
Don Giussani Es cierto, eso es la fe, estoy de acuerdo con él. Pero tenemos que responder a la pregunta: «¿Qué es el cristianismo?». Estoy totalmente de acuerdo: solo en el seguimiento se comprende qué es el cristianismo. Pero la pregunta que nos hemos planteado es justamente un test de cómo seguimos el movimiento. ¿Me comprendéis? ¡Este es el nexo!
La dificultad evidente que tenemos para responder a esta pregunta indica que longa enim tibi restat via: hay todavía un largo trecho a recorrer en el camino dentro del movimiento. Porque si el movimiento es el instrumento para adherirnos, para ir adentro del cristianismo... Ya lo hemos dicho: el movimiento es el instrumento para entrar dentro del cristianismo, que es lo que nos interesa, y no el movimiento como tal.
Entonces, si el movimiento es un instrumento para entrar en el cristianismo, la pregunta ¿qué es el cristianismo?, que puede hacernos sonreír o dejarnos algo aturdidos de primeras porque parece obvio –parece obvio y, sin embargo, no lo es en absoluto, como estamos viendo– es una pregunta esencial. Quiere decir que la vida del movimiento tiene que ser vivida con una inteligencia y una fidelidad mucho mayor todavía. ¡Avancemos más!
Intervención Quisiera partir de la pregunta que se ha formulado antes. ¿Cuándo empieza uno a preguntarse qué es el cristianismo para él? Yo me lo pregunté cuando conocí a una persona que, en un momento determinado de mi vida, me desafió, me propuso una hipótesis para la existencia, me dijo que Cristo podía ser una respuesta total para mi vida. Ante lo cual, me quedé... (aunque la Iglesia y las cosas que me decía no me parecían la respuesta a la vida). Empecé a ir con él y con las personas con las que vivía esta experiencia, tratando de comprobar esta hipótesis –adhiriéndome a esa compañía, tratando de comprender de qué forma Cristo estaba dentro de esa experiencia de personas que vivían en Su nombre, tratando de verificar la hipótesis de que Cristo era la respuesta a toda la vida– y entonces empecé a comprender qué es el cristianismo. Porque esto es el cristianismo. Es decir, si yo conozco a una persona en la universidad, o me encuentro con un compañero, y hablamos de estas cosas, yo le digo: «Mira, yo tengo esta experiencia: que en un cierto momento de mi vida alguien me dijo: “Puede que la hipótesis que te haga feliz en la vida es que Cristo es la respuesta para ti”».
Don Giussani ¡Esto indica la modalidad con la que se llega al cristianismo!
Perdonad, pero no hay que pasar de una respuesta a otra sin crítica, sin una conciencia crítica. He dejado en suspenso la intervención de antes sobre la Iglesia. Y lo he hecho conscientemente; la retomaremos luego.
Lo que acabas de decir comprueba lo que se ha dicho antes: que solo se comprende siguiendo un encuentro.
Si hubieseis trabajado en serio la Escuela de comunidad de este año –Huellas de experiencia cristiana (tenéis que leerlo siempre, hasta que lo aprendáis de memoria)–, comprenderíais mejor este punto.
Intervención Para mí el cristianismo coincide con los hombres que reconocen que...
Don Giussani Es decir, que el cristianismo son los creyentes: es todavía algo subjetivo. En todo caso, la objetividad sería solo sociológica y estadística. ¿Me explico? Sería solo sociológica y estadística: el cristianismo son los creyentes.
Intervención Para mí el cristianismo es el hecho de Jesucristo que ha venido a esta tierra, y yo esto lo veo en vosotros; y lo veo y lo reconozco por el hecho de que mi vida está cambiando, está cambiando no sólo inter nos, humanamente, sino que está cambiando incluso en las decisiones que tomo.
Don Giussani De acuerdo, estas son las consecuencias. Tú dices: el cristianismo es la persona de Jesucristo que ha venido a la tierra, que yo veo en vosotros, y esto me cambia, ¿no es así? Dejemos también en suspenso esta respuesta.
Intervención La primera reflexión que me viene a la mente ante una pregunta así, que es dramática, es que no hay que darla por descontada.
Don Giussani Lo dramático es plantearla. ¡Es dramático plantearse esta pregunta! Porque, como tal, sería sencillo, como preguntarse qué es esta cosa o aquella otra. Las preguntas son, en sí mismas, sencillas: lo dramático es plantearlas. Es dramático plantear esta pregunta, no la pregunta en sí. ¿Comprendéis? Porque normalmente se da por descontada.
Amigos, el problema del movimiento es que en el 100% de los casos (salvo alguna excepción que supone el 0,1%) se da por descontado qué es el movimiento. Entonces en todas las relaciones y nexos, en todos los objetos propios de las acciones que el movimiento produce o que se realizan en el movimiento, el verdadero objeto del movimiento se escapa: se da por descontado. Por eso todas las acciones se perciben, se reciben y se realizan a destiempo; y el mal menor que esto trae es que hacen falta diez años en vez de un día para obtener un cierto resultado.
Intervención La primera respuesta que me surge es que el cristianismo es un hecho que está delante de mí, es
decir, ese Hombre que hace dos mil años murió y resucitó, que tiene el poder de asimilarme a Él en el Bautismo, y que por tanto me salva y me libera. Es un hecho distinto de mí, pero que tiene que ver conmigo totalmente. Y quiero decir que siento la dramaticidad al responder a esta pregunta porque no doy por descontado lo que desde hace un año te escucho decir: que este hecho o me incumbe humanamente o, si no, es abstracto o teórico.
Don Giussani Desarrollo de consecuencias, consecuencias de la respuesta.
Intervención En mi opinión, el cristianismo es una forma distinta de vivir las cosas del mundo.
Don Giussani Una ética.
Intervención No, esta forma distinta...
Don Giussani ...una forma distinta de vivir, quiere decir un comportamiento distinto.
Intervención Como resultado, sí.
Don Giussani ¡Justamente!
Intervención Para mí el cristianismo es un camino hacia la realidad de las cosas.
Don Giussani Un camino hacia la realidad de las cosas...
Intervención ...hacia la realidad y la verdad de las cosas, y este es el valor de mi vida.
Don Giussani Un método, un método para aproximarse a la realidad.
Intervención Y para dármela a conocer.
Don Giussani Es un método para aproximarse y para conocer y usar la realidad.
Intervención Y para vivir.
Don Giussani Una sabiduría, como existe la sabiduría budista, como existe la sabiduría...
Intervención No, no es solo una sabiduría: es algo que es adecuado a lo que yo soy.
Don Giussani Una sabiduría adecuada a tu medida.
Intervención Hay un aspecto por el que las definiciones dadas hasta ahora me parecen insuficientes, porque queda todavía por ver qué soy yo. Me parece que el cristianismo es una presencia, y una presencia quiere decir presencia de otro que no soy solo yo con mi deseo y con mi humanidad que se cumple, sino que es la presencia de la condición por la que sucede también mi humanidad. Mi humanidad es tal no de forma abstracta, sino en la relación con esta presencia.
Don Giussani Las condiciones, en cualquier caso una condición para ser humano.
Intervención O, mejor, la condición que me permite reconocer, recuperar mi humanidad. El encuentro que he tenido con el movimiento no ha sido solo la respuesta a mi deseo de humanidad; ha supuesto un desafío para mi capacidad de conocer mi deseo, algo que me ha obligado a romper la mezquindad.
Don Giussani En cualquier caso, la categoría de la respuesta es la de una experiencia; una experiencia que, sin embargo, es diferente a las demás, es adecuada.
Intervención Hay un aspecto por el que la palabra experiencia me parece insuficiente para definir la realidad del hecho cristiano, porque es un misterio: es una experiencia que hunde sus raíces en algo que no es solo una experiencia.
Intervención Yo creo que el cristianismo es el acontecimiento de Dios que se hizo hombre, y este hombre dijo ser Dios y eligió...
Don Giussani ¡Ya es suficiente! ¡Esto es el cristianismo! ¡El cristianismo es esto: un hecho! Un hecho. Como si yo te doy un puñetazo y te rompo las gafas, es un hecho que te he roto las gafas. Es lo mismo que ha sucedido con esto: un hombre que ha dicho ser Dios, o Dios que se hizo hombre y dijo: «Soy Dios».
La categoría esencial de una respuesta a la pregunta «¿Qué es el cristianismo?» es la de un hecho. Un hecho como que existe Moscú, o un hecho como que él es sacerdote: ha sido ordenado, es un hecho.
¡Es un hecho! Por favor, no penséis que es una cuestión de gusto, de claridad intelectual o de poner las cosas en su sitio: es una condición, es la condición fundamental de cualquier pensamiento cristiano y de cualquier comportamiento cristiano. La categoría “hecho” se convierte en la categoría fundamental para el camino cristiano.
De cualquier forma, ¿qué es el cristianismo? Es un hombre que ha dicho ser Dios, o lo que es lo mismo, es un hombre que ha dicho: «Yo soy la salvación de tu vida. Yo soy el significado de tu vida».
La palabra “experiencia” y todo lo demás son consecuencias de esto, ¿comprendéis? Pero esto es verdaderamente el cristianismo.
Al haber escuchado la respuesta que creo es la exacta, me he detenido en ella y no quisiera volver atrás, a menos que haya objeciones o preguntas.
Intervención Esta es la fe elemental de nuestros padres, mi padre y mi madre me enseñaron esto sobre todo, mientras que nosotros vemos y miramos, desarrollamos...
Don Giussani Sí. Este es nuestro peligro y lo patético de nuestra posición (porque es patética): que somos capaces de construir sobre esto –como todas nuestras respuestas, ¿comprendéis?– dándolo por descontado, como si tuviésemos presente, como si fuésemos ya conscientes de aquello sobre lo que construimos. Y sin embargo construimos dejando a nuestras espaldas la piedra angular sobre la que construir. Por eso nuestros pensamientos están algo torcidos y el planteamiento de nuestra acción es siempre un tanto equívoco.
Había dejado en suspenso la respuesta sobre la Iglesia, porque la categoría “Iglesia” pertenece al hecho. Podemos volver ahora, tratando de desarrollar la respuesta.
La palabra “Iglesia” indica un hecho. ¿Qué categoría es la Iglesia? ¿Con qué categoría se debe indicar a la Iglesia? ¡Es un hecho! Es un hecho histórico de un conjunto de personas que dice: «Nosotros somos Cristo», es decir, el cuerpo de Cristo. Por eso la Iglesia debe ponerse como “nota” a la respuesta: el cristianismo es el hecho, el acontecimiento, ¡de tal forma acontecimiento...! un acontecimiento sucede en un cierto lugar, en un determinado momento del tiempo –¿comprendéis?– , está hecho de tiempo y de espacio.
La respuesta a la pregunta: «¿Qué es el cristianismo?» es un trozo de tiempo y de espacio, este trozo de tiempo y de espacio y este ser nacido de una joven en un lugar de Palestina, concebido en ese pueblo perdido de Palestina, nacido en aquel otro pueblecillo que era Belén. ¡El cristianismo es este acontecimiento! Solo que este espacio y este tiempo se prolongan. Mi nombre y mi apellido son los de un ser nacido en un lugar y en un tiempo determinados; solo que se prolonga, y desde 1922 ha llegado hasta ahora, en 1978. ¿Entendéis?
Pero en el caso del cristianismo, este acontecimiento se ha agrandado a lo lardo de dos mil años, hasta ahora, y está destinado a llegar hasta el final de la historia. Cómo y cuándo no lo sé: podrá crecer, disminuir, reducirse a doce personas (como imaginaba Soloviev al final de la historia, con el último papa, Pedro II). Esto no importa, forma parte del misterio de Dios. Pero aquel acontecimiento es un acontecimiento que se prolonga, como un estruendo que empieza y se agranda, como un trueno que se expande, que en vez de disminuir como hacen todos los truenos, disminuir y desaparecer, empezó y sigue creciendo. Continúa. Esta continuidad se llama Iglesia, mientras que desde 1922 a 1978 se llama vida humana, mi vida de hombre. En el otro caso se llama Iglesia. La vida de Cristo. Por otra parte, san Pablo usa la expresión “cumplirse la madurez de Cristo”: la Iglesia realiza la madurez de Cristo, por eso es justamente la vida de Cristo.
Entonces, tenemos un hecho por el que un hombre dijo: «Yo soy Dios y proseguiré en la historia dentro de la realidad visible de las personas que me sigan y que estén unidas entre ellas»: la Iglesia, en definitiva. ¡Pero es un hecho! Uno puede creer en él o no, ¡pero es un hecho!
Desde el Humanismo en adelante, se ha tratado de reducir el cristianismo a sabiduría (la mejor manera para vivir, la filosofía humana más excelente), hasta ahora, o bien a una moral (la mejor manera de amar a los hombres, la profecía de lo humano). Ha sido reducido, y la razón tenderá siempre a reducirlo, porque de otra forma se ve superada por él, mientras que si consigue reducirlo, entonces consigue dominarlo: es la razón la que le juzga. En cambio el cristianismo es un hecho. Uno puede enfadarse porque existe, porque ha sucedido; puede enfadarse, puede blasfemar, puede arrancarse la piel por la histeria, porque querría que no existiese, pero factum infectum fieri nequit: no se puede hacer que un hecho no haya existido.
Es un hecho que contiene un elemento de desafío para el futuro, porque el mañana no existe todavía, y este hecho, que proviene de hace dos mil años y en el que estamos implicados también nosotros, dice: «Mirad, dentro de 34.000 años existiré todavía, y dentro de 3.400.000 todavía estaré».
¡Pero es un hecho! ¡El cristianismo es un hecho! Por eso, amigos, nuestra fe, nuestro ser cristianos es ante todo un hecho que no os podéis arrancar ya de encima, aunque os defendáis con uñas y dientes, porque el Bautismo os ha aferrado; es un gesto que os ha aferrado y ha puesto dentro de vosotros un hecho, y ya no podéis quitarlo.
Me permito insistir porque no existe nada que sea más capaz de proporcionar a nuestra vida la fuerza de la certeza, la energía que viene de lo que es cierto, que esto. ¡Simplifica todo! No depende del estado de ánimo, de lo que has escuchado o no has escuchado, de tu opinión, de lo que está claro u oscuro para ti. El cristianismo es un hecho que tiene como contenido la realidad de un hombre; el rostro del hecho, la forma del hecho es un hombre que se dilata en la historia incorporando a su realidad los hombres que él aferra, y el contenido del hecho es la presencia de la salvación para el hombre, del significado de la historia. La presencia del significado de la historia, del hombre en sus conexiones totales. Porque la historia soy yo con todas mis conexiones, según la totalidad de mis conexiones.
Entonces se pueden entender los dos corolarios más importantes de esta respuesta, los dos corolarios fundamentales. El primero: si no te topas con una persona o con una realidad cristiana que te lo proclame, si no te topas con un momento profético (profético: una persona o una realidad que te lo proclame; la profecía es esto, la proclamación), para ti es como si no existiese. En esto consiste el fenómeno del encuentro.
El encuentro tiene que ver con nuestro ser cristianos como Pentecostés tuvo que ver con la relación que los apóstoles tenían con Cristo, porque si no hubiese sucedido Pentecostés, se habrían quedado destrozados, con un gran recuerdo inútil y trágico. Por eso el encuentro es el espíritu de aquel hombre o de este hecho que se te comunica. El encuentro es el espíritu de ese hecho que se te comunica. Y el espíritu de aquel hecho se comunica a través de algo banal: de las lenguas de fuego, un fuego, un trueno, como la banalidad efímera de un hombre cualquiera, de un grupo cualquiera.
Una vez fui a Brescia para hablar de “Comunión y Liberación y la Virgen” en el Congreso Nacional Mariano. Cuando llegué, don Maggioni (que es uno de los pocos que hablan con seriedad) estaba diciendo, en un debate con un sacerdote (había hecho una ponencia bíblica), que el delito de la Iglesia de hoy, el gran inconveniente en la Iglesia de hoy, es que se da una eclesialidad sin acontecimiento. El encuentro es ese hecho que se convierte en evento para la vida. Porque –decía– sin el evento, ese hecho es como si no existiese (como acabo de repetir yo ahora).
¡ Pensad en la importancia vertiginosa que asume la banalidad de un encuentro! Pensad cómo tenemos que venerar la presencia de cosas tan efímeras como los nombres, los rostros de las personas que hemos conocido, o como nuestros grupos, nuestras comunidades! Pensad qué valor eterno tienen estas “tonterías”.

El encuentro es el primer corolario: si es un hecho, este hecho se te da a conocer, innotescit, a través de un encuentro. Esto es Pentecostés, es decir, el hecho se convierte en un evento para ti, en tu vida: el evento histórico se convierte en evento en tu vida a través de un encuentro.
Segundo corolario: la comunión. Si el hecho cristiano es un hombre o una realidad, una presencia (¡una presencia humana!) que pretende ser el significado de tu vida y de la historia, de tu vida según la totalidad de sus relaciones (recordad que mi vida y el cosmos son lo mismo, porque el cosmos y la historia son mi vida en la totalidad de sus relaciones, por eso son mi vida plena y verdadera), entonces este hecho es el destino mismo que se hace presente, es la presencia del destino, del mío, del tuyo, del suyo, del de todos. Mira, ¿qué es lo más importante de tu vida? Tu destino. ¿Qué es lo más importante de mi vida? Mi destino. Si tu destino y el mío son lo mismo, vivimos lo mismo. Esto es la comunión, es la unidad entre los hombres: aquello que es imposible, que se vuelve tan real que llega a ser la ley moral; la única ley moral es la unidad, o la caridad. De modo que, en la comunión, ese hecho se convierte en el rostro nuevo de lo humano, de la sociedad y de la historia.
Lo que he hecho ha sido describir el movimiento. El movimiento es únicamente esto (¡solo esto!).
No sé si en Roma, en Pescara, en Bolonia and company hemos vivido el movimiento con la conciencia de estas cosas. Solo quiero decir que introducirse en esta conciencia es la fascinación, la única fascinación de la invitación que se nos ha dirigido. Y es también la única fuerza ante cualquiera, cualquier cosa, aunque estuviésemos solos.
«Esta es la victoria que vence al mundo: la fe», porque lo que vence al mundo es el significado del mundo.
Por eso la pregunta con la que hemos sustituido a la de esta mañana no era sino una traslación de términos, porque la respuesta a: «¿Qué es el cristianismo?» es la respuesta a: «¿Qué es el movimiento?». En verdad la pregunta era: «¿Cómo va el movimiento?», pero ahora –en mi opinión– tenemos los criterios para descifrar cómo va, y así podemos continuar.
No sé si habéis escuchado el pasaje de Jeremías del otro día, el día del martirio de san Juan Bautista, cuando el Señor decía a Jeremías: «Yo te pondré como un muro de bronce delante de ellos. Te atacarán, pero no prevalecerán sobre ti». El muro de bronce, el rostro como muro de bronce contra cualquier asalto, contra el asalto de lo que es distinto de esto, de lo que no es el significado, porque lo que es distinto de esto lo que no existe, que es mentira: «El mundo vive en la mentira». Porque el mundo no consiste en las estrellas hermosas, la cara bonita de la mujer, los niños que crecen... sino en el significado por el que el hombre vive la relación con la mujer, las estrellas y los niños. Porque el hombre es el animal que reúne todo (incluido a sí mismo) dentro de la interpretación de un significado.
Por tanto, lo que no es esto ¡es mentira! Lo que nos hace “muro de bronce” ante lo distinto es la fe, o lo que es lo mismo, el reconocimiento de esta Presencia que se ha convertido en evento en nuestra vida consciente (y aquí comienza la madurez) a través de un encuentro y que sólo vive en mi vida en cuanto está unida a la vuestra, es decir, en la comunión. En mi vida en cuanto unida a la vuestra, no porque me uno a vosotros una vez al día para rezar Laudes o me encuentro con vosotros 44 veces al día porque tengo 44 reuniones. Esto vale también si paso seis meses en América yo solo. La relación con el dinero, con el tiempo, con el trabajo, con la mujer, la relación con los extraños... es con vosotros; es una relación sentida, concebida, afrontada y vivida en la conciencia de mi pertenencia.
Y tiene que ver con todo lo que hago. ¿Por qué va la gente a trabajar? Para ganarse el pan, o bien –en casos excepcionales– por curiosidad científica o técnica. ¿Por qué se casa la gente? Se casa porque... y así todo. Y, ¿por qué la gente tiene hijos? Porque... porque... así. Y, ¿para qué comemos? Para vivir. Muy bien, todas estas respuestas deben ser trituradas y sustituidas, o mejor, algo distinto debe nacer en ellas: en sentido cristiano este fenómeno se llama transfiguración. Se hace todo eso para edificar el testimonio de Cristo en el mundo, es decir, para edificar la unidad, la comunión. O, como decía el Salmo esta mañana: «Amo la casa en la que habitas, el lugar en donde habita tu gloria». Para edificar esto, ¡y ya está!
Construimos a través de lo que hacemos, y por eso nada se censura o se margina. Por esto se vive el concepto de transfiguración: porque todo es invadido por otro “asunto”, de forma que «el que tenga mujer viva como si no la tuviera, el que posea como si no poseyese, el que usa como si no usase», porque ese rostro inmediato no es el rostro verdadero de las cosas. Es como otro mundo.
Para concluir, aunque sea provisionalmente, experimentamos realmente una humanidad distinta.
Entonces el concepto de experiencia y todo lo demás que habéis dicho es justo, porque todas las intervenciones han subrayado algo justo: será todo lo incipiente que queráis, pero la experiencia de una humanidad distinta es lo que hace justicia a la vida del hombre; aquello a lo que todos aspiran es a esta humanidad que empieza a amanecer en nosotros y que se cumplirá al final. La justicia llegará al final.
Esto no es algo distinto del problema de la justicia social: afecta también al problema de la justicia social y transforma o transfigura sus términos. No margina ni censura nada.
Entonces, ¿cómo nuestras comunidades han vivido el movimiento este año?

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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