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Huellas N.11, Diciembre 2004

SOCIEDAD España / En esta hora

Comenzar siempre

José Luis Restán

Ya no basta apelar a la tradición católica española ni al derecho natural para abrir un nuevo espacio al anuncio cristiano y para defender eficazmente los fundamentos de una civilización. Los hombres y mujeres de la ciudad secularizada tienen que encontrar el cristianismo como un hecho presente y profundamente significativo para la vida. De vital importancia la defensa de la libertad para todos los sujetos sociales

En estos últimos meses en algunas personalidades y grupos ha crecido una toma de conciencia sobre el dramatismo de este momento histórico para el catolicismo español. No obstante, la observación de los datos de partida, el método para la acción y los objetivos finales son legítimamente discrepantes.

Mirar los datos
En primer lugar creo que hay que desechar la idea de que exista un sustrato católico poco menos que intocable en España, una especie de reserva que nunca se agota y a la que siempre podemos apelar.
La descristianización de amplios sectores sociales es tan profunda que se ha perdido cualquier familiaridad con los contenidos fundamentales del anuncio cristiano, y los valores que de él derivan se han visto vaciados de su significado original. Ya no basta apelar a la tradición católica española (aunque sea ciertamente espléndida) ni al derecho natural (aunque este concepto refleje un valor antropológico irrenunciable) para abrir un nuevo espacio al anuncio cristiano y para defender eficazmente los fundamentos de una civilización que sólo se explica por siglos de educación cristiana (véase la intervención de mons. Fernando Sebastián en el reciente Congreso de Apostolado Seglar celebrado en Madrid; disponible en
la página www.congresoapostoladoseglar.com). Lo que hace falta es que los hombres y mujeres de la ciudad secularizada vuelvan a encontrar el cristianismo como un hecho presente, que responde a sus interrogantes y deseos.

Una mala costumbre
Por otra parte, el resto del pueblo cristiano que perdura en España es aún sociológicamente muy apreciable, mucho más de lo que permiten pensar unos medios de comunicación empeñados en reflejar una imagen social despojada de cualquier referencia católica. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce: conocemos bien las dificultades actuales para transmitir la fe a las nuevas generaciones en el seno de las propias familias, las parroquias y las escuelas católicas, así como el cansancio en la pastoral y la incapacidad de formular un juicio cultural relevante. Todo ello atravesado por una falta de músculo enfermiza, en una comunidad acostumbrada a dar por supuesto que «España es católica».

Novedad y presencia
Se trata, por encima de todo, de hacer presente la novedad humana del cristianismo cada día, también para esa mayoría de ciudadanos para los que se ha vuelto irrelevante, de modo que puedan medir de nuevo sus aspiraciones y problemas con la propuesta de la fe dentro de la vida cotidiana. Esa novedad nace del poder de Cristo resucitado, presente aquí y ahora en la materialidad de su Cuerpo, que es la Iglesia. Por eso es necesario que el testimonio cristiano cobre una visibilidad de la que ahora se encuentra privado, una presencia viva a través de obras en todos los campos: familiar, empresarial, cultural, educativo... la misión pasa ineludiblemente por estas presencias allí donde se desarrollan los intereses reales de la gente, y por eso demanda ante todo la libertad necesaria para construir.

Una batalla cultural
Es cierto que esta tarea no puede desligarse (y de hecho no está desligada) del servicio a la dignidad humana en todas sus dimensiones: defensa de la vida desde la concepción y hasta la muerte, promoción del verdadero matrimonio y de la familia, lucha contra la pobreza y la exclusión social. El hecho de que algunos de estos valores se vean claramente amenazados por la política del actual gobierno socialista lanza al mundo católico un reto que es parte de la misión antes descrita. Un reto que se plantea principalmente en la base cultural de estos proyectos, que es la que les permite gozar de un significativo consenso social. La batalla cultural en favor de la vida y de la familia es urgente e inexcusable para el mundo católico, porque es ahí donde existe la oportunidad de un verdadero encuentro con el drama del hombre contemporáneo, para el que Cristo es la única respuesta. En eso consiste primordialmente esta batalla, y no en una agotadora dialéctica ideológica. Por otra parte, sin empezar a plantear la cuestión en este terreno no tiene sentido desarrollar la batalla estrictamente política, que requiere siempre el realismo de lo posible.

Libertad para construir
Por todo ello, la lucha por la libertad de todos los sujetos sociales debe ser la cuestión principal de este momento, y dentro de esta lucha, la libertad real del pueblo cristiano (no sólo de las instituciones eclesiales) será siempre una garantía de pluralismo y de protagonismo social. Reclamamos la libertad para construir, y sobre todo, la libertad para educar, porque la novedad que el cristianismo ha traído al mundo sólo puede conocerse y abrazarse a través de un encuentro humano, y sólo puede arraigarse a lo largo de un camino educativo en la vida. No aspiramos a defender los restos de un naufragio, sino a plantar una experiencia nueva de humanidad en esta hora de nuestra historia.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

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