Va al contenido

Huellas N.9, Octubre 2004

FRUTOS DEL ÚNICO CARISMA Vocación y destino de la vida

Hermanas de la Caridad de la Asunción. Vosotras sois “vosotras más yo”

Gelsomina Angrisano, Hermana de la caridad de la Asunción

A mediados de los años 60 don Giussani conoce a las Pequeñas Hermanas de la Asunción de via Martinengo, en Milán. De aquel encuentro nace en el 93 la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Asunción

Nuestra historia empieza con la amistad entre las Pequeñas Hermanas de la Asunción de vía Martinengo y don Giussani. Más tarde, siendo cosa de Dios –como toda amistad verdadera–, dio paso a una historia extraordinaria.
Fue don Giussani quien nos dijo que acababa de conocer una congregación que le había llamado la atención por la simplicidad e integridad con que vivía el carisma del fundador, el padre Pernet.
Muchas alumnas suyas entramos en la congregación. Nos encontramos con una forma de vida nueva para nosotras: las personas con quienes vivíamos, las circunstancias diversas, el modo de vivir el convento, los votos, el trabajo misionero, el juicio sobre el mundo, la internacionalidad de la congregación, los fundadores, su carisma.
A pesar de la aridez de nuestras circunstancias históricas –eran los años de la contestación juvenil– abrazamos la realidad de la congregación y la vivimos según la dinámica de un acontecimiento amoroso.
La célebre frase de Romano Guardini, «En la experiencia de un gran amor todo se convierte en acontecimiento dentro de su ámbito», describe perfectamente nuestra historia. Desde siempre teníamos la certeza de que el “gran amor” es Jesús, que se hace presente en nuestra vida a través de la humanidad de don Giussani. Este fue nuestro «ingenuo atrevimiento» que nos permitió vivir con positividad todo, incluso nuestro mal.

La separación
Hay un episodio, entre tantos, que ayuda a comprender hasta qué punto Giussani ha compartido nuestra vida. En años difíciles por las circunstancias que nos impelían a tomar decisiones acerca del modo de proseguir el camino de la congregación, las diferencias con la Casa Madre se formalizaron en el Capítulo del 87 y las cosas ya no podían seguir como antes.
Un día don Gius se reunió con algunas de nosotras y nos comunicó que había conocido a un alto prelado de la curia romana. Había hablado con él acerca de la cuestión que nos concernía y nos dijo que, para su sorpresa, le había aconsejado la separación de la Congregación, añadiendo estas palabras: «Porque, mire don Giussani, se trata del alma de estas personas».
Prosiguió Giussani: «Durante algún tiempo me he guardado esta respuesta; después he comprendido que no la comparto. Porque él no sabe quién es el padre Pernet, no sabe la nobleza de la tradición en la que habéis crecido y no sabe que vosotras sois “vosotras más yo”. Por tanto, necesitamos un signo».
El signo llegó con monseñor Errázuriz, actual Arzobispo de Santiago, que fue secretario de la Congregación para los Religiosos muy poco tiempo, pero el suficiente como para que, con su ayuda, comprendiésemos cómo plantear y solucionar el problema. En el 93 llegó el decreto pontificio que erige la Congregación de las Hermanas de la Caridad de la Asunción.

Gratuidad apasionada
El episodio que he esbozado, con esa insuperable definición ontológica de amistad –«Vosotras sois “vosotras más yo”»– , muestra cómo don Giussani siempre ha educado: los pasos, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas, son fruto del reconocimiento de algo que sucede y no la respuesta a los análisis que nacen de nuestra “sabiduría” y que , por lo tanto, sólo pueden dividir.
Se comprende bien, entonces, que don Giussani siempre haya gozado al encontrarse ante la obra de otro –en nuestro caso del padre Pernet– y ante el hecho de que pertenecíamos a una historia amable y amada.
Ante cualquier realidad que iba conociendo, Giussani se movió siempre con una gratuidad apasionada por colaborar con ella y ayudarla a ser cada vez más ella misma. Con nosotras lo expresó con una potencia cualitativa y cuantitativamente particular y nos hizo comprender que éramos objeto de una predilección. Así se pone de manifiesto que la ayuda para ser “nosotras mismas” no viene de la insistencia en las diferencias de nuestra forma vocacional con otras.

Aspectos elementales del cristianismo
«Nuestra certeza se apoya en pocas cosas grandes», decía Giussani. Durante más de cuarenta años don Gius nos ha sostenido en los aspectos elementales del cristianismo. Por lo demás, en la tradición asuncionista se encuentra esta gran frase del padre D´Alzon, que es faro de luz para toda la familia religiosa: «Nuestro pensamiento es simplemente católico».
Giussani habla de acontecimiento como alianza que funda el nuevo yo; habla del concepto de convento, de misión, de caridad y de mundo. El núcleo de la pedagogía de cualquier forma de agregación eclesial está en la educación para vivir el Bautismo como fuente generadora de la vida nueva, que reviste de sí todos los factores del yo y de la realidad. El carisma original, al igual que cada individualidad personal, encuentra su exaltación y gusto sin parangón sólo en un cauce tan grande. Las diferencias son genéticas, establecidas por el Espíritu Santo, y se hacen evidentes a medida que se crece, como para todo organismo viviente.
No es casual al respecto que nuestra participación en los momentos formativos de los Memores Domini nos reclame a una creciente comprensión de nuestra tradición y nos ayude a tomar en serio las particularidades específicas de nuestra vida, antiguas y nuevas. Es Cristo quien la da la vocación, la custodia y la renueva.
Actualmente somos una nueva congregación de Derecho Pontificio y, junto con los representantes de la Fraternidad de San Carlos y de los Memores Domini, formamos parte de la Diaconía de la Fraternidad de CL, según el estatuto aprobado por el Pontificio Consejo para los Laicos.
«Monasterio, convento, o casa: hechos, creados, construidos, engendrados por quienes han sido elegidos como piedras vivas. Elegidos como piedras vivas para formar, para engendrar una existencia experimentable para todos, con la cual se demuestra, por su forma visible, que sólo Él es: Christe, cunctorum dominador alme» (Luigi Giussani, El templo y el tiempo, Encuentro, p. 24).


BOX
La congregación de las Hermanas de la Caridad de la Asunción fue erigida en 1993 con Decreto pontificio como Instituto autónomo separado del de las Pequeñas Hermanas de la Asunción.
Su obra se dirige a la familia, mediante un trabajo a domicilio de asistencia a los enfermos, los niños en dificultades y los ancianos, y la colaboración en la tarea educativa.
Actualmente, el Instituto está constituido por un centenar de hermanas, que viven en casas en las ciudades de Milán, Turín, Trieste, Roma y Nápoles, y en España recientemente en Córdoba.

 
 

Créditos / © Asociación Cultural Huellas, c/ Luis de Salazar, 9, local 4. 28002 Madrid. Tel.: 915231404 / © Fraternità di Comunione e Liberazione para los textos de Luigi Giussani y Julián Carrón

Vuelve al inicio de página